Una invitación a volver a ti, a través de tu respiración

Una invitación a volver a ti, a través de tu respiración

Te invito a hacerte más consciente de tu respiración, de tu energía, de tu cuerpo y tu mente. A observar tus emociones, tus sensaciones, tus reacciones y tus elecciones.
La respiración es vida en movimiento. Es el espíritu que te habita. ¿Lo has notado? ¿Lo sientes? Rudolf Steiner dijo: “Vivimos con nuestra alma en la respiración.” Piénsalo un momento…
Respirar es como escuchar una sinfonía. Pero no solo eres el público. También eres el instrumento, el músico, el director… eres quien crea la música. Y tú eres la música.
Es momento de volver a ti. De reconectar con tu esencia. Te invito a seguir el camino del aire cuando entra en ti. A sentir cada punto de contacto, empezando por la punta de tu nariz.
Pon toda tu atención en el aire entrando y saliendo. Tal vez notes que entra más fresco y sale más cálido. Observa los detalles. ¿Está más abierta una fosa nasal que la otra? ¿Qué pasa si abres un poco las aletas de la nariz? ¿Y si inhalas con fuerza?
Sigue explorando… Siente el aire moviéndose hacia la parte alta de tu nariz, el puente, las cavidades nasales. Luego sube tu atención a los senos paranasales, al cráneo. A veces, en esos espacios, el aire se siente como luz.
Lleva ahora la atención a tu garganta. ¿Qué notas ahí? ¿Hay fricción, algún sonido? Provoca un bostezo. Observa cómo se abre tu garganta, cómo se expande el paso del aire. Respira por ese nuevo espacio. Siente cómo cambia el sonido de tu respiración.
Sigue bajando. Siente el movimiento debajo de tus clavículas. Respira suave, suelta esa zona. Ahí viven emociones delicadas, muy tempranas.
Lleva el aire hacia tu pecho, tu corazón. Expande las costillas, hacia los lados, al frente y atrás. Recuerda: la mitad de tus pulmones están en tu espalda. Respira también ahí. Celebra que estás viva, vivo.
Deja que la respiración baje a tu abdomen, a tu vientre bajo. Suelta. Inhala hacia la espalda baja, el sacro, la pelvis, las caderas, el coxis. Siente tu respiración en todo el cuerpo. ¡Déjalo respirar completo!
Respira con todo tu ser. Con pasión, con suavidad, con presencia. No estás respirando solo aire. Estás respirando energía, prana, vida. ¿Quién quieres ser? ¿Qué energía quieres habitar? ¿Qué quieres ofrecer al mundo?
Haz de cada respiración una bendición, una oración. Cada aliento es un regalo. Y lo que recibes del breathwork depende de lo que tú le entregues.
Pon tu corazón, tu cuerpo, tu mente y tu alma en cada respiración… y comenzarás a despertar todo lo que ya vive dentro de ti.
Elije ser feliz en tu camino
Gerardo
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